Quizás alguna vez hayan vivido de cerca el dolor de perder a un ser querido porque decidió quitarse la vida o hayan pasado ustedes por momentos tormentosos en los que el suicido se presentaba como una opción viable para dejar de sufrir. Las estadísticas actuales (12/06/2024) nos indican que cerca de 700.000 personas se suicidan por año, y otro tanto mucho mayor lo intenta, son cifras muy alarmantes, más todavía teniendo en cuenta que la calidad de estos datos es insuficiente, ya que solo unos 80 Estados Miembros disponen de datos del registro civil de calidad que se pueden utilizar directamente para estimar tasas de suicidio (Organización Mundial de la Salud, 2021).
Por ello, considero relevante que podamos tomar consciencia de algunos mitos que circulan en nuestra cultura respecto al suicidio, para poder actuar en estos casos combatiendo esta desinformación y potencialmente, salvando una vida.
Mito 1: La persona que se quiere matar no lo dice.
Realidad: De cada diez personas que se suicidan, nueve de ellas dijeron claramente sus propósitos y la otra dejó entrever sus intenciones de acabar con su vida.
Mito 2: La persona que intenta el suicidio estará en ese peligro toda la vida.
Realidad: Entre el 1% y el 2% de las personas que intentan el suicidio lo logran durante el primer año después del intento y entre el 10% al 20% lo consumarán en el resto de sus vidas. Una crisis suicida dura horas, días, raramente semanas, por lo que es importante reconocerla para su prevención.
Mito 3: Al hablar sobre el suicidio con una persona en este riesgo se le puede incitar a que lo realice.
Realidad: Está demostrado que hablar sobre el suicidio con una persona en tal riesgo en vez de incitar, provocar o introducir en su cabeza esa idea, reduce el peligro de cometerlo y puede ser la única posibilidad que ofrezca el sujeto para el análisis de sus propósitos autodestructivos.
Mito 4: Las personas que intentan el suicidio no desean morir, sólo intentan llamar la atención.
Realidad: Aunque no todas las personas que intentan el suicidio desean morir, es un error pensar que sólo quieren llamar la atención, pues son personas a las cuales les han fracasado sus mecanismos útiles de adaptación y no encuentran alternativas, excepto el atentar contra su vida.
Mito 5: Toda persona que se suicida es un enfermo mental.
Realidad: Las personas con enfermedades mentales se suicidan con mayor frecuencia que la población en general, pero no necesariamente hay que padecer un trastorno mental para hacerlo. No caben dudas de que toda persona con riesgo es una persona que sufre.
Mito 6: El acercarse a una persona en crisis suicida sin la debida preparación para ello, sólo mediante el sentido común, es perjudicial y se pierde el tiempo para su abordaje adecuado.
Realidad: Si el sentido común nos hace asumir una postura de atenta y paciente escucha, con reales deseos de ayudar a la persona en crisis a encontrar otras soluciones que no sean el suicidio, se habrá iniciado la prevención.
Concientizarnos de la gravedad y magnitud de esta problemática es una forma de crear una comunidad atenta a las señales que puede dar una persona que nos dan aviso de que algo está mal (directa o indirectamente) y poder actuar a tiempo. Algunas formas de ayudar a una persona que expresa su intención de cometer un suicidio:
- Sé directo/a. Habla clara y abiertamente sobre el suicidio.
- Exprésale tu preocupación.
- Muéstrate dispuesto/a a escuchar. Deja que la persona hable de sus sentimientos.
- Acepta sus sentimientos. No los juzgues. No cuestiones si el suicidio es o no correcto. No des sermones sobre el valor de la vida.
- Acércate y muestra que estás disponible. Demuestra interés y ofrece tu apoyo.
- No desafíes a la persona a que lo haga. Tampoco le amenaces.
Es muy duro escuchar frases como: "ya no quiero estar aquí", "está en mi mente hace meses", "ya no tengo razón para vivir", "no aguanto más este sufrimiento", "esta vida no vale la pena vivirla". Yo también me quedo en blanco, sin respuesta.
Quiero expresarte que te quiero, quiero ayudarte, quiero que lo intentemos. Estoy. Estamos. Me importas. Me encantaría quitarte el dolor y llenarte de motivación. Vamos a intentarlo. Quiero que encontremos otra forma de alivio.
Recordemos siempre que la persona que piensa o considera suicidarse no lo hace porque quiere morir, sino que lo hace para dejar de sufrir. Son personas sufriendo. Ser conscientes de esto puede ayudarnos a salvar una vida.
